
La «Neuroplasticidad» es considerado uno de los acontecimientos más importantes de la ciencia moderna.
Hoy en día los científicos saben que nuestro cerebro tiene una capacidad asombrosa para cambiar y curarse a si mismo. Este fenómeno se conoce como “Neuroplasticidad” y es considerado uno de los acontecimientos mas importantes de la ciencia moderna, que nos facilita la comprensión del funcionamiento de nuestro cerebro. El cerebro no es fijo e inmutable, como se pensaba, puede crear nuevas conexiones neuronales para adaptarse a las necesidades que se le van presentando. Esto nos lleva a un interés creciente hacia el poder de formación de nuestro cerebro, con el fin de mejorar nuestro enfoque, la atención, la memoria y el rendimiento. El Dr. Norman Doidge, psiquiatra e investigador de la Universidad de Toronto en Canadá, puso la neuroplasticidad en el centro de atención en 2007 cuando lanzó su bestseller «El cerebro que se cambia a si mismo«. Desde entonces, se ha estudiado el gran potencial terapéutico de la “Neuroplasticidad” y se ha demostrado que el cerebro tiene la habilidad de la auto curación. En su ultimo libro, “El camino del cererbro para la curación: Importantes descubrimientos y recuperaciones desde las fronteras de la neuroplasticidad”, relata historias de pacientes que sanan sus cerebros sin medicamentos ni cirugía, gracias a la “Neuroplasticidad”. Casos avanzados de esclerosis multiple , Parkinson, autismo y trastorno de déficit de atención, en los que generalmente la salud neuronal y celular del cerebro no funcionan de forma optima. Los problemas pueden ser resultado de inflamación, toxicidad o anormalidades celulares genéticas, los circuitos cerebrales pueden morir, quedar desactivados o comenzar a dispararse a velocidades irregulares. Doige define este efecto como “cerebro ruidoso”. «Piense en las personas con lesión traumática cerebral «, dice. «Hay ciertas cosas que no pueden volver a hacer más, y eso es porque sus circuitos están inactivos, aunque a su vez hay otros circuitos que parecen estar hiperactivados». Estas personas, son muy muy sensibles a los sonidos y a la luz etc.: todo lo que tiene que hacer es reequilibrarse de nuevo. El cerebro pasa por un periodo de descanso y poco a poco va reaprendiendo. En “El Camino del cerebro para la curación”, Doidge describe intervenciones que son no invasivas y que utilizan los sentidos o el movimiento del cuerpo para acceder al cerebro. Cuenta la historia de John Pepper, afectado de Parkinson. Esta enfermedad es el resultado del daño de las células productoras de dopamina, que son las que nos ayudan a realizar los movimientos automáticos. Este daño conduce a dificultades en el movimiento y en el equilibrio, que afectan, por ejemplo, al poder andar con normalidad. John Pepper no respondía a la medicación convencional, sin embargo, comenzó a prestar mucha mucha atención a los movimientos individuales que simulaban caminar cuando se unió a su esposa en un programa para ponerse en forma. Lo que descubrió fue que no podía realizar los movimientos de manera inconsciente, como estaba acostumbrado. Pero si de manera consciente, esta parte no estaba rota en su cerebro debido al Parkinson. Fue realmente utilizando otra parte de su cerebro, los lóbulos frontales, los que le ayudaron a superar sus problemas con el Parkinson. Pepper se hizo consciente de sus ejercicios para caminar, aumentando con esto la mejorías en los síntomas del Parkinson a través de la neuroplasticidad.
Lo más hermoso de esto, es que es algo a lo que cualquier persona tiene acceso dice Doidge.
Pone de relieve lo valioso que es el movimiento para el cuerpo y el cerebro, como el simple acto de caminar. Doidge cita un reciente estudio del Instituto Cochrane de Gales, que muestra cómo con cinco hábitos saludables: ejercicio moderado, no fumar, no beber más de una copa de vino al día, comer cuatro porciones de frutas o verduras diariamente y mantener un peso normal; se reduce en un asombroso 60% el riego de desarrollar demencia. «Si hay alguna droga sobre la que más se habla en el mundo, probablemente el factor mas poderoso sea el ejercicio”. Dice Doige
El autor también aprendió varias cosas sobre el dolor y la neuroplasticidad mientras escribía este libro.
Se definen dos tipos de dolor, el agudo, que nos avisa para no mover una parte del cuerpo a riego de causar más daños en la misma y el dolor crónico. El dolor agudo es necesario, pero debido a que el cerebro y el sistema nervioso son plásticos, el sistema del dolor en sí mismo puede estar lesionado por la estimulación. Incluso un pequeño movimiento de una parte lesionada puede conducir al dolor que se propaga a través del cuerpo y dura mucho tiempo. Doidge cuenta la historia de dolor del médico psiquiatra Michael Moskowitz, que experimentó la desactivación del dolor crónico que sufría provocado por una serie de accidentes. Moskowitz leía textos científicos sobre la plasticidad. Encontró que hay alrededor de una docena de regiones del cerebro que procesan el dolor, y que casi todos ellas, además, hacen otras cosas. Podemos notar que cuando tenemos dolor también estamos de mal humor; esto es debido a que una de las áreas del cerebro que procesa el dolor también interviene en los procesos de regulación emocional. Otra de las áreas, procesa el dolor y la capacidad de visualizar; escáneres cerebrales muestran que el dolor crónico reduce un 15% el procesamiento visual. La solución que encontró Moskowitz era obligarse a visualizar cada vez que sentía dolor. La idea era reconquistar esa zona del cerebro para el procesamiento visual, lo que Doidge describe como «úsalo o lo perderás» principio de la neuroplasticidad o platicidad cerebral. «Después de varias semanas comenzó a obtener algunos resultados, y tras varios meses podía estar de 15 a 20 minutos sin dolor,» dice Doidge. «Al final del año no tenía dolor, venció su dolor crónico con estas intervención mentales. » Muchas de las historias de curación suenan a milagros, pero Doige se apresura a señalar que sólo son ejemplos de las fronteras alcanzadas de la investigación de la neuroplasticidad.
«Este no es un fenómeno de fe», dice, «ni se debe al efecto placebo. Se trata de entrenar nuevos circuitos cerebrales». «No tienes que creértelo, solo estar dispuesto a hacerlo» es el milagro de la Neuroplasticidad .
«Realmente me gustaría que la gente creyera en estas cosas, en la neuroplasticidad, antes de darlas por inútiles, o por imposibles sólo porque no encajan con el paradigma existente». «Creo que la actitud científica es sistemáticamente escéptica, aunque también es escéptica en si mima. Si se encuentra algo que no se ha visto antes, no se trata de alejarse de ello y no verlo, la idea es, estudiarlo de manera más intensa». Original: Neuroplasticity: how the brain can heal itself Lynne Malcolm es una apasionada de las personas y de sus experiencias personales, cuando menos lo esperaba descubrió el poder de la radio para contar sus historias. Es la productora ejecutiva de la Unidad de Ciencias de RN. En sinUPsys podemos facilitaros este camino de reorganización, ayudando a vuestro cerebro a reequilibrarse.

Estaré encantada de responder a cualquiera de tus dudas. Al enviar un comentario estarás aceptando la política de protección de datos que puedes consultar en el pie de página